Leer a María es acercarnos a todas las imágenes “hermosas, únicas e irrenunciables” que la lectura de este libro dejó en ella. En esta ocasión, nos devela Lejana y oscura, de Susana Aguad.
Susana Aguad escribe Lejana y oscura que se publica en 2010. En 2022, Eduvim lo reedita. Ahora –2026– les propongo asomarnos a la maravilla de sus palabras en el recorrido del texto que supone la lectura. Y entonces, es que abro el libro y leo, leo, mientras escribo para Ustedes…
Lejana y oscura es una novela que llena de nostalgia la memoria. Y digo así, porque entre la oscuridad, la carencia de transparencia de ese tiempo de la Historia, se asoma la melancolía, la tristeza de lo ido, lo perdido pero también, la alegría insensata de lo posible cotidiano, de los afectos en cualquiera de sus formas, de las utopías de un mundo a construir. Me pregunto: ¿Lejana por distante en el tiempo y el espacio? ¿Oscura por la falta de transparencia, la imposibilidad de certezas al nombrarla? Dicotomía a la vez, intercambiable. Lejana y oscura. Oscura y lejana. Vean Ustedes… lean y decidan…
El texto pertenece a la Colección Caterva, que según explica su Director –Antonio Oviedo– se integra con “narraciones cuyo común denominador es el incesante movimiento de la literatura”. Incesante movimiento –continuo– que hace presente, Córdoba como un espacio y con un tiempo intransferible, inmunes al olvido y a la indiferencia por aquello que ya fue.
Tomo el objeto libro. La limpidez de la tapa –realizada por Graciela Siles, lo mismo que el diseño del texto–, reproduce la silueta de un animal, pero deformado en las ropas que lo visten. Me sugiere, la imposibilidad de una interpretación única, que resulta de la ambigüedad y complejidad de la imagen. Alude también, a ese “incesante movimiento” del que habla Antonio Oviedo en la contratapa y que me remite a las variadas perspectivas que las distintas generaciones hacen de los días y sus acontecimientos. La contratapa, enuncia lo que señalábamos de la Colección, además de datos de su Director.
El texto se abre con un Prólogo de Oviedo que titula, Odiseas familiares, oscilaciones y rupturas. Así nos introduce, en la referencialidad de Córdoba como espacio de la memoria representado en su Literatura. Dice: “Todos los mencionados respetan, mejor dicho, trazan el cauce de un común denominador: indagar el devenir de los múltiples entrecruzamientos de un espacio, no por simbiótico, menos magnético, para la elaboración de sus creaciones”. Continúa con la explicación de los epígrafes y una síntesis de los enunciados y de las significaciones resultantes.
Los epígrafes, redundan en esa complejidad. El primero, de Franz Kafka, adelanta uno de los temas recurrentes. “Tienes tu patria y puedes renunciar a ella, y quizás sea lo mejor que se puede hacer con la patria, especialmente porque a lo que hay en ella de irrenunciable no se renuncia realmente nunca”. La contradicción pues, entre poder renunciar como posibilidad incluso necesaria, pero simultáneamente, mantener lo irrenunciable que hay en ella. Conservar en la distancia geográfica el sentido de pertenencia a aquel espacio político y simbólico. Problemática común a los protagonistas del relato. El segundo de William Faulkner, define la permanencia del pasado. “El pasado nunca está muerto, ni siquiera es pasado”. Una presencia, pues, cuyo significado se extiende más allá de la contigüidad temporal de los días. Nuevamente lo simbólico tiñe las significaciones.
Munidos de estas referencias, comenzamos la lectura. Veintiséis capítulos estructuran el texto. Todos ellos titulados con metáforas que subrayan esa complejidad que la lejanía puede provocar en esa oscuridad que la define. Metáforas que condensan esa nostalgia por lo irremediablemente ido pero no olvidado. “El rastro de una nube”, “Sin dejar rastro, ni siquiera lágrimas”, “Ciudad de arena” entre otros. Inundan así, los enunciados de un lenguaje poético que se desplaza permanentemente.
El enunciador redunda en esa complejidad. Así, una enunciación en tercera persona se alterna con otra en primera persona. Ambos enunciadores, referencian la mirada de Cecilia, – intuimos desde el inicio que corresponde a Susana Aguad. El recurso de cartas enviadas, permite conocer la voz y en consecuencia, la subjetividad, de los otros protagonistas: Deborah, Carla y otros. Asimismo, los comentarios de tarjetas que Palo remite a sus compañeros, posibilita la oblicua mirada sobre temas concernientes a la experiencia de los protagonistas. De tal manera, se complejizan las enunciaciones en esa cierta diversidad que posibilitan referenciar.
Los espacios y los tiempos son múltiples. No hay correlato entre tiempo cronológico de los enunciados narrados con los espacios. Asimismo el tiempo es discontinuo… Me pregunto: ¿Imita a la memoria en su trabajo, en esa recuperación de lo vivido y sucedido?
Entonces, con la maestría increíble de Susana narradora, las historias se despliegan lentamente… avanzan alejadas de la cronología voraz del tiempo que sucede, se despliegan en momentos diferentes, en espacios diversos, numerosos. Y nosotros, como seguidores de ese mundo posible que sucede en la novela, accedemos a la complejidad de esa lejanía, de esa oscuridad que no logramos apresar… porque el enunciado es transparente y cercano a nosotros los lectores. Adquiere la singularidad que confiere la lectura.
Y ensayo una especie de relato para compartir lo que se cuenta en esa historia: Érase una familia formada por un padre y una madre –de ascendencia árabe e italiana con escasos pero, no por eso menos precisos datos de su idiosincrasia– con cuatro hijas: Cecilia, Carla, Deborah y Virginia que vivían en Córdoba, allá por la década del cuarenta y cincuenta. Una familia clase media que refleja las modalidades de la inmigración pero también, la pertenencia a un tiempo de la Historia que permanece inalterable como marca, pero difuso en los rasgos identificables de esa marca. Con el avance de los años, se transforma la Historia y la política. A la utopía sesentista, suceden los setenta y también, la Dictadura que genera el exilio, las persecuciones, las desapariciones. Eso sacude a casi todos los protagonistas. Se complican también, las historias individuales.
Córdoba es el espacio donde viven. Prolijamente caracterizada en la descripción de los barrios, los lugares emblemáticos, las costumbres, las modalidades, las formas de las relaciones… Las existencias cotidianas, se transforman a medida que la Historia se transforma. Los sesenta y las utopías derrapando, los setenta con la tragedia de un país negándose a la vida con las desapariciones y la muerte, son los tiempos que atisbamos subrepticia, lentamente… Los espacios se amplían y con ellos la cotidianeidad que ahora se transforma. Europa y sus países –Francia, España, Alemania–, ciudades como París, Barcelona, Essen… son entrevistas como la construcción histórica, política y cultural del siglo XX. También, desde lo cotidiano de las existencias de sus habitantes. Asimismo desde lo asombroso y renovado de las vidas de argentinos que ahora emprenden el viaje inverso que realizaron los inmigrantes europeos. Estos en busca de un sueño que compensara la carencia, las imposibilidades… Aquellos, sus descendientes, en el retorno por la conservación de la vida, como justificación casi única, exclusiva…
Y en esa multiplicidad, en esa repetición inversa de búsquedas y logros, el texto urde un recorrido no solo por la contemporaneidad de circunstancias determinadas –espacios y tiempos múltiples– sino que se expande en los recuerdos que, agazapados, aparecen y construyen esa otra memoria que permanece lo mismo que el pasado. Y si lo cotidiano avanza desde la infancia, adolescencia de algunos protagonistas imbuidos de sueños y utopías, de alegrías y posibilidades… el tiempo de la juventud se llena de tristezas, de abandonos, de inseguridades, de sobrevivencias y también de muertes… Una transformación que Susana registra, narra, relata y expresa. “Con todos los perfumes de septiembre y el cielo diáfano espolvoreando su luz dorada sobre los cuerpos apretujados y la calle y los edificios, aquello nos parecía un festejo más que una marcha de protesta. Poco a poco de andar, nos olvidamos de lo bueno del tiempo y de esa primavera que se anunciaba tempranamente. Lo único que percibíamos ahora era que formábamos parte de ese todo indistinto, éramos una migaja de ese todo y ese todo no había probado ni la derrota ni el triunfo todavía, ni le importaba si dejaba de existir en el mediano plazo, porque decir mañana era decir quién sabe cuándo, una eternidad.” Un fragmento revelador de ese tiempo donde “No se detendrían hasta la revolución y vivieran el momento con la sensación de que nada de lo viejo perviviría, sobre todo el romanticismo estúpido que alimentábamos al despuntar de cada primavera, porque esta, la del 66, sería distinta, sería la de las grandes rupturas. Ahora sentíamos, no el hambre, la necesidad de reunirnos en torno a un fogón para escuchar los poemas que auguraban simpatías recíprocas sino la existencia virtual del plato colmado, de todos los amores y sueños posibles contenidos en la comunión de los ideales que asumíamos precipitadamente por el solo hecho de sentir que éramos jóvenes y que nada de lo establecido nos dejaba conformes”. Y mientras avanzan las secuencias que se entrecruzan, accedemos a esa mirada que tampoco se ciega. “Y como si el tiempo no hubiera pasado, Palo vio aquellos rostros tocados ya por el dolor de la muerte y sin embargo luminosos y alegres, reponiéndose rápidamente como niños”. Una alegría que permanece en esos recuerdos que atestiguan: “Años de vino y rosas” … “años veloces como ráfagas de plata en el mar negro del mundo” O en la imprecación con que se cierra el texto y que expresa la lápida que escribiría para un protagonista de ese tiempo, tan diverso, tan lejano, tan oscuro: “Hundirse en el abismo, cielo, infierno, ¡qué importa!”.
Tengo los ojos llenos de imágenes hermosas. Únicas. Irrenunciables. Los recuerdos se agolpan frenéticos, indistintos. Las palabras de Susana resuenan y resuenan. Lejano y oscuro…. No solo lejano… También, es cercano, me digo. No solo es oscuro… también hubo luces que después se apagaron… Pueden nuevamente encenderse, lo afirmo y deseo. No tengo palabras… Los dejo en la lectura.
Gracias Eduvim por la reedición. Era imprescindible.
Hasta más vernos. María
Descubrí nuestra colección Caterva.
Director de colección: José Di Marco.
Adquirí Lejana y oscura en formato físico o en versión digital.








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