Reseñas por María Paulinelli
Hay en Ser sed, el objeto físico, cierta diafanidad que también observamos en la lírica de Alonso. Una lírica límpida en una antología donde poeta y poema se hunden “en el mar del lenguaje para emerger una y otra vez, en la cadencia y la musicalidad de las palabras”. Sobre ello y más nos cuenta María Paulinelli en esta reseña.
En el 2018, Eduvim publica Ser sed de Rodolfo Alonso. El subtítulo: Poesía reunida 1993 – 2018.
Tomo el libro. Me asombra su luminosidad. La diafanidad de su presencia. Pienso si deviene de esa ausencia de imágenes en la tapa. Solamente los títulos y el nombre del autor.
En la contratapa, fragmentos de los Prólogos incluidos en el texto, seducen al lector desde miradas distintas. La poesía se anuncia así. Luminosidad. Señales para enamorarse de las palabras que esperan la lectura.
Cuatro libros integran esa Poesía reunida, como indica el subtítulo:
• El arte de callar (1993 – 2002)
• Poemas pendientes (1957 – 2009)
• A flor de labios (1990 – 2014)
• Poemas al gusto del día (2013 – 2018)
El texto se abre con un Prólogo de Jorge Monteleone: “Rodolfo Alonso: Vivir es rotundo”. Una acertada y exquisita Introducción permite al lector comprender los ejes de sentido permanentes de esta obra poética. Ejes que trasuntan esa transferencia entre la palabra y la vida. Dice: “Así la palabra encarna la vida y la vida es palabra encarnada. La palabra encarnada no como verbo divino, sino como testimonio. La palabra es lo que la vida atestigua, el modo en el que la vida misma se vuelve testimonio. Y lo que testimonia es lo que vive viviendo en la palabra que un cuerpo nombra. La poesía es entonces, Lengua viva en cuando la vida se torna poesía.”
Esto explica el título de esta Obra reunida: Ser sed.
En el texto mismo, además, se reitera esta significación más puntualmente. Así en “El peso de tu paso”, una especie de interpelación a la belleza, concluye, afirmando: “Somos lo que sabemos / ver, lo que nos hace ver, / siendo somos lo sido, / seremos lo que sé, / lo que sé ser: ser sed.”
La estructura de cada uno de los textos incluidos es similar. Denota el cuidado y la amorosidad de Alejo Carbonell, su editor. Un texto transparente en la ordenada transcripción y en el diseño. Un cuidado que se manifiesta además, en las notas y acotaciones que completan datos o referencias. Particularizado esto, en la inclusión de la Bibliografía razonada de Rodolfo Alonso de sus múltiples publicaciones separadas por tipos de discursos: Poesía, Ensayo, Narrativa y Ediciones / Antologías.
Y entramos a particularizar la estructura de cada obra, no solo para ratificar lo dicho, sino para entender la multiplicidad de voces que confluyen en completar ese fluir de vida y poesía. ¿Me siguen?
El arte de callar
Un breve fragmento de Juan José Saer señala: “… la vida y la obra de Rodolfo Alonso, vienen dedicándose con exclusiva pasión al trabajo poético, en su triple vertiente de creación, traducción y de reflexión sobre el arte singular de la poesía…” Esto explica la urdimbre cultural que se desprende de la lectura. Pero que además, le permite a Saer afirmar: “En este nuevo libro, la limpidez lírica de Alonso, internándose en la espesura riesgosa de formas y de temas nuevos, instala una compleja atmósfera poética, hecha de confesiones, argumentos, de juegos verbales, pero también de devociones y de requisitorias, de diatribas y de homenajes.”
He transcripto sí, un largo fragmento que reseña –magistralmente– los enunciados y las modalidades de la enunciación. Una guía que resulta imprescindible, para disfrutar esa maravilla enjundia de vida y poesía.
Dos epígrafes, abren el texto. Uno, es un proverbio árabe: “Si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio, no lo digas”. Y otro de Kafka, sobre la multiplicidad de la poesía metaforizada en “Cavamos el pozo de Babel”. Ambos desde una referencialidad necesaria.
Los cuarenta y dos poemas incluidos se ordenan en una multiplicidad no solo de diversas significaciones, sino de experimentaciones diversas sobre los significantes de las palabras. Pero la apelación a poetas, escritores y filósofos, intelectuales, posibilita la remisión a la cultura del pasado y del presente. De ahí, la aserción de Gonzalo de Berceo que cierra el texto: “palabra es oscura”. La lectura, les confirmará, esta asombrosa diversidad en la creación poética.
Poemas pendientes
Una nota del Editor, enuncia la estructura en dos secciones. “Aparecidos que incluye poemas hace tiempo inéditos que por una u otra razón, no fueron incorporados en los libros que publicó el autor. Apariciones, reúne en cambio, los poemas recientes, escritos a partir del último libro editado.”
Un interesante Prólogo de Ledo Ivo, –Fabricante de encantos, compréndase la metáfora– plantea desde el concepto de Poesía, las múltiples posibilidades de definirla. Así dice: “Poesía: el arte de hacer versos y poemas: el lenguaje en su uso supremo; una celebración del Universo; un espejo de la condición humana; una visión del mundo; una operación espiritual por la cual se crea un objeto verbal de naturaleza encantatoria; un documento y memoria de la vida y del tiempo; la realidad de lo imaginario.”
Resume increíblemente las distintas experiencias del acto escriturario de Alonso, presentes en este texto. Una dedicatoria completa la introducción. Una dedicatoria a la memoria de Herman Koehler que en el nazismo fue ajusticiado al negarse a la utilización de mano de obra esclava como directivo de varias empresas.
Y empezamos con Aparecidos:
Un poético texto de Rodolfo Alonso, explica y justifica la publicación tardía. “Una vez más, textos que quedaron como suspendidos en el tiempo, en el espacio, y quizás dónde más. Fueron escritos. No fueron publicados”. Y entonces, como una justificación…. Pero también como una posibilidad de explicación, dice: “No hay verdades de poemas, y hasta hay poemas de verdad para los que no estamos quizás suficientemente preparados, para los cuales tenemos que madurar, hasta que seamos capaces de que ellos maduren a su vez en nosotros. Son inseguros y también persistentes, como nosotros mismos.”
De ahí esa presencia demandante, ratificada en esa metáfora con que concluye: “¿Qué puedo hacer, sino escucharlos (y escucharme)? Así sea.” Los treinta poemas que estructura el texto corresponden a tiempos anteriores a 1993. Se especifica la fecha de escritura. Pero es la lectura de estos poemas que nos llevan a aquellos años que significan esa dedicatoria que señalábamos. Un compromiso político que envuelve en una bruma aquellos acontecimientos, aquellas personas hechas sombra imperecedera. De ahí, la tersura de estos poemas que redundan en la esperanza de otro mundo soñado y requerido.
Apariciones
Veintinueve poemas se desplazan en las hojas de este fragmento. Las indicaciones de los años, los ubican dentro del período estipulado. Sin embargo, esa mirada embebida de la posibilidad de mundos mejores continúa. De ahí, la cercanía de las palabras: aparecidos/ apariciones. De ahí, también, la continuidad de este tiempo que aún habitamos y que se desgrana en imágenes de personas y de cosas… sobre todo de quienes se convirtieron en las sombras errantes que siguen viviendo en sus palabras. Por eso, apariciones.
A flor de labios
Tres epígrafes nos reciben, como una bienvenida, al lector que ahora, soy yo y que, pronto, llegarán a ser Ustedes. Alejandro Nicotra enfatiza –en dos de ellos– la inmediatez del mundo real, histórico que se hace poesía en Alonso. Una presencia definida así: “Esa conjunción de la historia, la desgracia y del momento intemporal –valga la paradoja edénico es uno de los caracteres que más seducen en su obra.”
El otro epígrafe de Juan José Saer explicita la presencia inagotable de lo real en la poesía. Así dice: “Que el mundo resplandezca en ellos, si uno de los modos del mundo es el resplandor”.
El Prólogo, “En el mar del lenguaje”, lo escribe Rodolfo Alonso. Formula distintas consideraciones que movilizan a una comprensión del sentido último de la poesía. Consideraciones que transparentan la consistencia de las palabras. Sus posibilidades y sus imposibilidades en este tiempo del absurdo falaz de la existencia, pero también, de la digitalización de un mundo cada vez más precario, más deshumanizado. Creo necesario, escuchar su voz, cuando concluye: “Experiencia del fracaso de nuestra condición, pero a la vez, prueba irrefutable de su presencia –así sea efímera, como vimos– en el mundo, quizá no sean los hombres quienes hablan sino ese mar orgánico y fecundísimo del gran lenguaje humano, hecho de todos los lenguajes, de todas las civilizaciones y de todos los muertos, vida misma en sí, lengua viva inmortal mientras la humanidad exista…” No es necesario decir nada. Esa es la voz del crítico que une a su mirada inquisidora, la pasión por la escritura.
Una hoja titula nuevamente, pero subtitula “Música de circunstancias”. Nuevamente los epígrafes, nos hunden en ese mar de lenguaje universal en las voces de Dante, Mallarmé, Paul Eluard, Sandor Marai, Vincenzo Consolo y René Char.
Y entonces, entramos a los cincuenta poemas que estructuran el libro. En ellos sobrevuela esa conciencia del poeta que se hunde en el mar del lenguaje para emerger una y otra vez, en la cadencia y la musicalidad de las palabras.
Un Apéndice, cierra el texto. Respondiendo a una postal de Andrés Fidalgo en Jujuy. Simula una respuesta que enuncia una mirada sobre el mundo y los poetas. Cierra de alguna manera, lo formulado en el Prólogo.
Poemas al gusto del día
Es el cuarto y el último de los libros.
Un Prólogo de Fernand Verhesen –“Frescura inalterable”– describe su condición de lector –desde siempre– de los poemas de Alonso. Así es que focaliza su experiencia en esa vitalidad constitutiva, en esa movilización de lo más íntimo, en esa adscripción a lo poético en cualquiera de sus formas.
Los cuarenta y siete poemas –inéditos– ratifican esa capacidad. Remiten esa multiplicidad de su producción poética. Expresión. Representación. Erudición. Reflexión. Todo, desde ese ámbito particularmente humano, donde se diluye en la actualidad, la poesía.
Un epígrafe de Góngora es la última voz que leemos y escuchamos: “No es sordo el mar: la erudición engaña”. Una síntesis increíble de la voz de Alonso y de todas las otras voces, de la luminosidad de las palabras que se expande en cada lectura que se hace, en la presencia para siempre de la poesía mientras haya humanos y haya mundo.
Cierro el libro. Lo hago con tristeza… fue tan maravilloso el tiempo de lectura… los invito que lo vivan… Queda restallando en el curso de los días, la necesidad explicitada de ser sed…. Ya es suficiente. Con afecto y hasta uno de estos días.
María
Descubrí la colección La Gran poesía.
Director de colección: Rodolfo Alonso.
Adquirí Ser sed en formato físico.









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